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Mi niñez se pierde en la prehistoria de los tiempos. Sin embargo, todavía recuerdo el majadero tono usado por mis tíos y primos para dirigirse a la guagua de la familia: Agú agú cómo ta la cochita ma linda lle mundo. Ufff!

¡No hay derecho! Bueno, este es justamente el nombre del programa de Chilevisión orientado a promover las garantías establecidas por la Convención sobre los derechos del niño. Se trata de 54 postulados, a los que debería agregarse uno más: ‘No torturar a los menores con frases difíciles y rebuscadas’.

Según sus creadores (la productora El Paseo Digital, de Ricardo Carrasco), el formato corresponde al de un ‘docu-reportaje’. En cada capítulo se presentan historias reales de niños cuyos derechos han sido vulnerados.
Muy buena fue la elección de Alejandro Guillier como conductor del programa. Ningún otro periodista tiene ese aire de ‘profe buena onda’.
Guillier es a Chilevisión lo que Calcetín con Rombos Man es a Televisión Nacional: el nuevo súper héroe de los niños.

El problema es que no está bien aprovechado. Su papel se reduce a intervenir en un par de ocasiones proporcionando cifras y datos mientras camina o alimenta palomas sentado en el banco de una plaza. Para eso, mejor no lo mueven del estudio de Chilevisión Noticias.
Vamos a las historias de No hay derecho. Se nota ojo periodístico y sensibilidad. Una combinación difícil de alcanzar cuando lo que manda, hoy por hoy, es el sensacionalismo, el sadomasoquismo catódico.

La vida de tres hermanos adoptados por un matrimonio italiano mostró en toda su profundidad el dolor de aquellos niños cuyo derecho a tener una familia no se cumple.
Otro aplauso por el buen seguimiento de los casos. Eso sí, para que la ovación hubiese sido de pie, faltó una narración televisiva más fluida y ágil. Eché de menos un mayor juego de planos, de cámaras. La secuencia donde los menores conocieron a sus nuevos padres pedía a gritos una cuota de atrevimiento.
Más limpio y dinámico resultó el capítulo sobre ‘el derecho a opinar’. De antología la odisea de un grupo de estudiantes del Liceo Arturo Alessandri Palma que, para un trabajo audiovisual, decidió recrear una toma al establecimiento ocurrida en 1985.
Mientras filmaban su tarea, los alumnos fueron sorprendidos con cámaras y pasamontañas. La escena desató un ataque de nervios en la directora quien, ipso facto, les canceló la matrícula. No contaba con que los chicos se la jugarían hasta el final en los tribunales. En una decisión que en su momento fue ampliamente informada por la prensa, se ordenó la reincorporación de los alumnos.

En resumen, No hay derecho es una excelente oportunidad para fortalecer la línea editorial de Chilevisión. Sin olvidar, claro, el quid del asunto: tratar como personas a los niños.

No hay derecho. Chilevisión, sábado a las 10:00 horas.